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Llevo dos horas leyendo Diario de un cazador, de Miguel Delibes, y entre página y página veo cómo corréis sirviendo cafés y sonriendo a todo el personal enchaquetado. Por cierto que el libro es una delicia, aunque no sé si vuestro español os permitirá leerlo. No pongáis esa cara, es el diario de un cazador.

Pues eso. Que os veo correr.

El hecho de que seáis tan guapas las tres, y el hecho de que dos de vosotras llevéis tacones y la tercera esté tras la barra, o sea el hecho de que las tres lleváis tacones pero a una no se los veo, todas esas cosas, digo, me hacen sospechar que vuestro jefe es un imbécil.

Reconozco que sólo es una sospecha. Pero es intensa.

También me he fijado en que tenéis las tres el pelo largo y alisado, no liso, sino alisado. Os parecerá que he pasado más tiempo embobado con vuestro trajín que leyendo el libro, pero os juro que Delibes es un empezar y no parar.

Claro, vosotras no habéis leído La hoja roja.

Cuando me senté y pregunté por la carta y la más morena de vosotras me dijo “no hay carta” y yo fruncí el ceño en plan travieso y ella aclaró “la carta somos nosotras”, empecé a sospechar que vuestro jefe es gilipollas, sobretodo porque aquí en el Norte de Europa lo de cantar los chipirones y las tortillas y la ensalada no se estila ni un poquito.

O sea, que alguien ha querido ahorrarse treinta o cuarenta euros de impresión de menús.

Lo peor es que también sospecho que vuestro jefe bien podría ser una jefa, lo que agravaría el asunto y me amargaría el libro, el té y el post que se me está ocurriendo que puedo hacer con esta nota.

Que tengáis un buen día.

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“Si no puedes soñar golpea los baúles polvorientos

Si aún no sabes vivir no enseñes a vivir en vano

Tritura la realidad, rómpete los zapatos auscultando

las calles,

no des limosnas. Levántate y ayuda al mundo

a despertar”

(Fayad Jamís)

“El conductor que arrolló a un menor exige 20.000 euros por dañarle el coche”

(…) “el joven ciclista no respetó el stop y fue arrollado por un coche de alta gama que circulaba a 113 kilómetros por hora por una carretera donde el límite de velocidad estaba fijado en 90”.

Diario La Verdad, 28-01-2008

Tengo 11 años.

Estoy en el patio de mi casa, mirando la luna, que está llena. Los niños no se ponen románticos ni melancólicos cuando miran la luna, que está llena. 

Todo se ha teñido de blanco, azul oscuro y negro. Es el paisaje de por la noche: las sillas y la mesa de plástico, las macetas, las baldosas. Y las ventanas de todos los vecinos, cerradas porque ya es septiembre.

Mi padre, sentado conmigo, me cuenta que la luz de la luna viene del sol.

Sólo se oyen grillos.

-Si pudieras tumbarte aquí cada noche, también te pondrías moreno -me explica, mirando igualmente al cielo.

Luego se queja de que ya no hace calor, se levanta de la silla, “con lo bien que se está en verano”, y se marcha.

-¡Vas a coger frío, entra o ponte algo! -me dice.

Pero yo sigo embobado, pensando en la luz de la luna, en el sol, y en la gente que se pone morena por la noche.

Sólo alcanzo a decir, en voz muy baja:

-Voy.

Yunque

José se sienta y espera. Hoy se puede sentar dentro, porque no están los señoritos.

-Es como lo del proverbio -dice Inés, mientras acaba de barrer una esquina- ¿Tú sabes lo que es un proverbio?

José aprieta los labios y mira hacia otro lado.

-Un proverbio es como un refrán -sigue Inés- pero de otro país… que esté lejos -José aprovecha que ella está ahora de espaldas, cogiendo un montón de ropa para planchar, y le mira el culo.

-Pues haaaay -Inés levanta el montón de ropa a pulso- pues hay un refrán… hay un proverbio… moro, que dice…

José le mira los pechos, pero sólo ve la forma de un lateral, porque el resto lo tapa la colada que lleva entre los brazos.

-“Si eres martillo, golpea” -Inés recita mientras trata de ir al otro extremo de la habitación, tambaleándose- “Si eres yunque, aguanta”.

Suena un motor de coche fuera. Han llegado los señoritos.

-Y ya ves, hijo -entonces ella suelta la ropa sobre la mesa, en un golpe seco- A mí me ha tocado yunque.

Jingle Bells

Mis excusas son dos: un ordenador que se estropea y un trabajo que me absorbe.

Pero acabo de comprar un Macintosh. Y en un mes estaré en el paro.

Así que ya no tengo excusas para no mantener este blog al día.

Estoy preparando un cuento que espero colgar aquí -aunque será más largo de lo habitual- y sé que os debo por lo menos un paseo por la India.

Año nuevo, vida etcétera.

Feliz 2008, queridos (tres).

Avance (?) informativo

“Una tarjeta de Navidad enviada en 1914 llega 93 años después a su destino.

 (…) La tarjeta había sido metida en otro sobre con un sello válido. (…) El que estaba en su lugar, de un céntimo, no habría valido para el sistema de correo de este siglo.”

El País, 15/12/2007