Encontré a un hombre que caminaba del Norte al Sur.
Es, en realidad, la única cosa importante que se puede decir de él: que iba del Norte al Sur. Bueno, también se puede añadir que iba en busca de su hermano.
Estaba descalzo, vestía un pantalón corto lleno de remiendos y, sobre los hombros, algo que en tiempos habría podido llamarse una camisa.
(…)
No tenía ningún dinero. Si la gente que encontraba a su paso le daba de comer, comía; si no, hambriento, seguía su viaje. Pero como había pasado hambre toda su vida, no había en ello nada de extraordinario.
Se dirigía al Sur porque tiempo atrás su hermano había partido de casa precisamente en aquella dirección. ¿Cuándo? Hacía mucho.
(…)
Sabía como dirigirse al Sur: por la mañana tenía que ir directamente al sol. Cuando se topaba con alguien, le preguntaba si no conocía a un tal Salomón (el nombre de su hermano).
La gente no se extraña al oír semejante pregunta. Toda África se halla en constante movimiento, recorriendo caminos y perdiéndose. Unos huyen de la guerra, otros de la sequía, los de más allá del hambre. Huyen, deambulan, se extravían.
El hombre que iba del Norte al Sur no era sino una gota anónima en una de las tantas riadas humanas que inundan los caminos del continente negro.
(…)
¿Por qué quería encontrar a su hermano? ¿Por qué? No comprendía la pregunta. Por una causa obvia, evidente por sí misma, que no necesitaba explicaciones. Se encogió de hombros.
A lo mejor lo invadió un sentimiento de lástima por el hombre al que acababa de conocer y el cual, aunque bien vestido, era más pobre que él, porque le faltaba algo importante y preciado.
¿Sabía dónde se encontraba? ¿Que el lugar donde estábamos sentados ya no era Eritrea sino Etiopía, un país diferente?
Esbozó la sonrisa del hombre que sabe mucho, en cualquier caso del hombre que sabía una cosa a ciencia cierta: que para él, en África no había fronteras ni países, tan sólo tierra quemada, en la cual un hermano buscaba a otro hermano.
(Ébano, Ryszard Kapuscinski)

Comprendo porque te gustas a este libro, es muy bien escrito…pienso que me voy a comprarlo. Me parece que Africa es un continente que sufre mientras que tiene muchas riquezas humanas. Que pena!
Espero que un dia podremos decir que Africa va mejor…
Merci beaucoup pour ce bel extrait!
Pues sí, pues sí.
Dice Mafalda (no sé si conoces a Mafalda) que el mundo está enfermo, le duele “el África”.
La verdad es que merece la pena comprarse el libro, Kapuscinski era un maestro contando historias.
Un besote, et merci a toi!
Espero que un día me prestes el libro… Seguro que me gusta.
África es la vergüenza de Occidente, la prueba de lo mal que hacemos las cosas… y seguimos mirando hacia otro lado.
Cuídese, Aquiles, que aquilesperamos.
Jejjej
Me faltan sesenta paginillas, así que el libro estará disponible pronto.
Y ya sabes, de Asia podemos hablar ¡a partir de la semana que viene!
Un abrazo
Y se ve que ya han terminado de buscarse en África y, al no encontrarse, han tenido que salirse fuera. Algunos se han perdido por el camino, y otros, una vez que se encuentran, están deseando volver. Y mientras tanto el resto del planeta hacemos como si no fuera con nosotros, y si alguien nos pregunta les mandamos al primer sitio que se nos ocurre, y a otra cosa, mariposa.
Por cierto, un saludo hombre, que me iba sin despedirme ;)
Precioso relato, Aquiles… Gracias.
Cuánto pesimismo Chemari… y cuánta realidad. Desde tu casa en “aishira” casi casi puedes ver cómo vienen, y se van… por lo menos los que vienen y van de vacaciones.
Eso me recuerda una cosa fantástica que dice Emilio Teno (un poeta argentino): “una mujer siempre va o viene del amor”.
Ya sé que no tiene nada que ver. Pero no me irás a decir que no es un verso fantástico para darle vueltas un domingo por la tarde.
¡Un saludo, cuídate!
Y Homo Sapiens, gracias a ti. Que sepas que el texto ha perdido mucho, porque para hacerlo más llevadero le he “extirpado” una parte.
Y esa parte te habría encantado: Kapuscinski se comunica con el hombre que viaja de norte a sur a través de un taxista, que habla inglés.
Pero habla inglés muy mal, así que todas las referencias que el viajero hace al pasado las traduce por “hace algún tiempo”.
Kapuscinski sólo puede averiguar que el hermano que busca se perdió “hace tiempo”, y el viajero empezó a andar “hace tiempo”, y etcétera.
¿A que es fantástico?
Recuerdo que leí Ébano en las noches del verano de hará cuatro o cinco años. Y que hacía mucho calor. Y que el libro abrasaba. Y que se me abrían mucho los ojos cuando leía, a pesar del sueño, de que hace cuatro o cinco años, del calor y de que el libro abrasaba.
Este escrito me llena de euforia, de tristeza, de sentimientos difíciles de expresar con palabras. Es increible como a través de un hombre que se cruza en su camino, el escritor explica la historia de la África moderna.
Bonito, muy bonito. Debo comprarme el libro!!!
Saludos. Un abrazo
Josep
Hola “Josep fotoperiodismo”. Verte firmar así me abre una sonrisilla.
Que sepas que, salvando las distancias, las cosas que cuentas en tu blog, y la forma de contarlas, me recuerda mucho a Kapuscinski.
Recomiendo a todo aquel que tenga cinco minutos y se sienta capaz de entender el catalán que se pase por la web de Josep: baobabs-josep.blogspot.com
Y a “Uno que recuerda”: qué calor da tu comentario.
Y qué nostalgia. Casi me parece que estoy oyendo los grillos…