Yo a ellos se lo tengo dicho.Me vienen, y sueltan: Es que no quiero trabajar con tal, o no quiero que me toque con cual.
Y yo les digo ah, no, no. A mí me hace falta un equipo. De contratar gente suelta ni hablar. Yo necesito a tres tíos, a cuatro tíos, que me hagan un equipo.
El Antonio, ni un problema. No me protesta ni mijita.
Claro, yo lo cuido desde que llegó como si fuera… vamos, como de aquí. Llegó, nos saludó y nos dijo: me llamo Yoquesé Yusú, o yo qué sé, una cosa rarísima, claro, de allí. Y yo cojo y le digo: “Tú, Antonio”.
Y hasta hoy.
No tenía donde dormir, porque las criaturas tú me dirás.
Digo “ahora mismo te lo arreglo, hombre”. Y llamé. Ya ves tú qué daño me hace a mí coger y, de los 500 que hay pá las cosas, gastarme 50 en un colchón. Porque un colchón vale tres duros.
Claro.
Cogí, me fui, entré en el Leroy. Tenías que haber visto lo contento que se puso. Y él tiene allí su cabañita, más bien que ná. Con sus cosas y se le respeta. Allí no entra nadie.
Eso sí, escúchame: es la cosa más noble que yo he visto.
Y lo que le gusta reírse al hijo puta.
Te lo digo yo. El Antonio.
Más buena gente que el carajo.

Cuanto cinismo con la inmigración. Suele pasar que el cabrón explotador aún se cree una persona con su corazoncito que va haciendo buenas obras por el mundo!!! Como el tal inmigrante está desesperado, no le importará vivir como a un animal. Total, si no era nadie.
Un texto buenísimo que nos hace pensar sobre el racista y explotador latente que todos tenemos dentro!!!
Cómo me gusta que lo entiendas justo tal y como lo entendí yo cuando lo escuché.
Un abrazo